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Viajes y Fotos

Desde niña vi a mi padre llevar consigo su cámara fotográfica a todos lados a los que íbamos: vacaciones o reuniones familiares, encuentros sociales o de trabajo; lo que fuese, siempre tenía la cámara a mano o colgada al cuello. Creo que este tipo de escenas marcan en edad temprana, al menos conmigo sucedió de esta manera.

Luego llegan las fotos, las impresas, claro. Revives los lugares, las sensaciones. Todavía recuerdo perfectamente lo que llevaba puesto la primera vez que me subí al ferry que te llevaba de tierra firme a la Isla de Margarita, en Venezuela. Recuerdo que me encantaba, recuerdo la sensación del mar tan cerca y los delfines, ahí los vi por primera vez en su hábitat natural. Poco podría yo decir de mi vida en general sin las fotos que me acompañan, primero tomadas por mi papá o cualquier otro miembro de mi familia, ahora tomadas por mí.

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© Oriana Mejías

Desarrollar ese ojo interno, esa pulsión que te hace apretar el obturador se conoce con el tiempo, con dedicación. Hay una suerte de descubrimiento personal mientras descubres el mundo. Va más allá de los conceptos estéticos que aprendiste (o no) en un taller, se trata de afinar tanto el ojo, que se convierte prácticamente en una traducción del sentir, de la emoción.

Mi fotografía empezó a surgir como un experimento, por supuesto. Mi ciudad natal, mis recorridos diarios de ciudad y sus curiosidades. Explorar la ciudad con la cámara, ver caer la lluvia y entender cómo cambia la apariencia del lugar cuando todo está bañado: las luces, los reflejos de los charcos. Se abren portales.

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© Oriana Mejías

Después está la metrópoli, la ciudad se erige frente a ti y tú con la visión que has logrado desarrollar descubres una nueva ciudad, más grande y compleja, más llena de esquinas y de cicatrices. Caracas fue un ensayo y lo sigue siendo, porque las capitales no dejan de moverse, de cambiar, de presentarse a sí mismas como el órgano mutante.

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© Oriana Mejías

La vida se va desarrollando y entonces te haces un ferviente lector de imágenes, quieres entender la experiencia del otro a través de lo que fotografió. Porque ir a un lugar y hacer fotos habla de tu experiencia, ninguna es más que la otra, al final. Sino que va de la mano con tu crecimiento, con tu memoria, con lo que es íntimo y crea un sentido único para ti que quizás luego compartas al resto, o quizás no.

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© Oriana Mejías

Lo importante de fotografiar los espacios, desde la perspectiva que he podido producir para mí misma, es haberlos habitado a plenitud, tanto como te sea posible. Sin importar si fueron tres días en el lugar, dos meses o años.

 

Oriana Mejías

Miradas Analógicas